Síguenos en    Twitter    Facebook    Google Plus    YouTube

Español para traductores (L2): el cuento como recurso en el proceso de enseñanza-aprendizaje

Resumen: ¿Cómo enseñar español a futuros traductores? ¿Cómo profundizar en los conocimientos que ya tienen estos aprendientes? Más allá de los contenidos funcionales y gramaticales, y de las correspondientes actividades de aplicación, el estudiante de Traducción necesita leer, estar en contacto permanente con textos de todo tipo, reflexionar sobre ellos y desarrollar su capacidad crítica, lo que le permitirá adquirir una autonomía en el análisis de dichos textos y en la posterior toma de decisiones y estrategias traductoras. El cuento en lengua española, representado por un amplio abanico de autores hispanófonos, es uno de los recursos que hemos utilizado para impartir la asignatura de Español (Lengua B) dirigida a estudiantes de Traducción de primer y segundo año de la “École Supérieur Roi Fahd de Traduction” de Tánger (Marruecos). Presentar el marco teórico, así como la metodología utilizada en el aula, los resultados de su aplicación y sus implicaciones, son los objetivos del presente trabajo.

Palabras clave: enseñanza de E/LE, cuento corto, estudiantes de Traducción

El español y, más específicamente, el español lengua extranjera (E/LE o L2) se enseña hoy en día de muchas maneras, siguiendo incontables metodologías y procedimientos. Para ello, el profesor se sirve de una serie de recursos, que puede obtener de los múltiples manuales en papel o en línea existentes, o que él mismo puede crear. Las actividades didácticas pueden ir desde los ejercicios más básicos (rellenar huecos, transcripción de palabras, clasificar y relacionar conceptos,…), a la lectura de textos y la consiguiente batería de preguntas, pasando por los juegos de rol para desarrollar la competencia oral, por ejemplo. Uno de estos recursos, enfocado al desarrollo de la competencia de comprensión y expresión escritas es el cuento o el relato breve.

La tarea de enseñar el español a extranjeros no es nunca una tarea fácil. El profesor responsable deberá plantearse necesariamente diversas preguntas: ¿quiénes son mis alumnos? ¿De qué nivel partimos? ¿Cuál es su procedencia? ¿Cuál es su lengua materna? ¿Conocen otras lenguas? ¿De cuánto tiempo disponen para dedicar al proceso de E/A (Enseñanza/Aprendizaje)? ¿Cuáles son sus objetivos o con qué finalidad estudian español? Buscar la respuesta a estas preguntas es fundamental para que el proceso de E/A sea satisfactorio para ambas partes y dé los resultados esperados. Sin un planteamiento previo de estas cuestiones por parte del profesor, la enseñanza va a la deriva, por lo que los resultados alcanzados se alejarán seguramente de los objetivos de la formación. Cada contexto de enseñanza tiene requerimientos específicos. No es lo mismo, pues, enseñar español dos veces por semana a un grupo heterogéneo de adultos de diversas edades, que tienen motivaciones diferentes (objetivos profesionales, gusto por el aprendizaje de lenguas en general,…) que a un grupo más homogéneo, con unos objetivos específicos para el aprendizaje de esta lengua. Cuando los aprendientes son, por ejemplo, estudiantes en una escuela de Traducción en un nivel de Máster, el profesor de español debe tener en cuenta, además, otros factores, y debe valerse de recursos más específicos, todo ello enfocado a desarrollar unas destrezas concretas, que veremos en los siguientes apartados.

- ¿Qué es un cuento?

"Cuento: narración breve con pocos personajes y con el tiempo y espacio escasamente desarrollados" (1).

"El cuento es una narración fingida, en todo o en parte, creada por un autor, que se puede leer en menos de una hora y cuyos elementos contribuyen a producir un solo efecto" (Seymour, 1964, p. 8).

"El cuento es un precioso género literario que sirve para expresar un tipo especial de emoción, de signo muy semejante a la poética, pero que no siendo apropiada para ser expuesta poéticamente, encarna en una forma narrativa, próxima a la de la novela, pero diferente de ella en la técnica y en la intención. Se trata, pues, de un género intermedio entre poesía y novela, apresador del matiz semipoético, seminovelesco, que solo es expresado en las dimensiones del cuento" (Baquero Goyanes, 1949, p. 25).

Cuando hablamos de “cuento”, nos referimos a un relato corto, generalmente de ficción. Los cuentos existen en todas las culturas y tradiciones, ya sean de transmisión esencialmente oral o por escrito (2).

Los cuentos son un subgénero narrativo con características especiales: su autor concentra, en pocas páginas, una historia y el desarrollo de personajes. Muchas veces, el cuento tiene una finalidad didáctica, y contiene una moraleja que se transmite a lo largo del texto y se concreta en su desenlace. Es el caso de las fábulas, en las que aparecen personajes encarnados por animales, que nos dejan entrever comportamientos propios del ser humano, en los que deberíamos vernos reflejados. Los cuentos pueden estar dirigidos a un público infantil o juvenil, o bien pueden estar pensados para un público adulto. Nos centraremos en este segundo tipo de cuentos.

El cuento como hoy día lo conocemos surge en el siglo XIX. Ya en el siglo XX, tanto en la literatura española como en la latinoamericana, existe una tradición importante de escritores que han cultivado este subgénero literario. En la literatura latinoamericana, el cuento tiene una especial relevancia: los lectores latinoamericanos son más aficionados al cuento que los lectores europeos (Rodríguez Almodóvar, 1992: 203). A partir de 1940, aparecen tres grandes escritores que cultivan el cuento. Se trata de Jorge Luis Borges (Ficciones, 1944), Julio Cortázar (Bestiario, 1951) y Juan Rulfo (El llano en llamas, 1953), además de otros. También cabe destacar la obra de Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Horacio Quiroga o José Luis González, entre otros.

En España, en la producción de cuentos durante el siglo XX, destacan escritores como Unamuno (El espejo de la muerte, 1913), Pío Baroja (Idilios vascos, 1903), Valle-Inclán (Jardín umbrío, 1920), Azorín (Cavilar y contar, 1942), Francisco Ayala (Cazador en el alba, 1930), Miguel Delibes (Siestas con viento sur, 1957), Ana María Matute (Algunos muchachos, 1964) o Ignacio Aldecoa (La tierra de nadie y otros relatos, 1970), entre otros. En las últimas décadas del siglo XX y ya en el siglo XXI encontramos publicaciones de cuentos de escritores de renombre, tales como Javier Tomeo (Historias mínimas, 1988), Ray Loriga (Días extraños, 1994), Juan Bonilla (El que apaga la luz, 1994) o Carlos Castán (Frío de vivir, 1997).

- El cuento o relato breve como recurso en la clase de E/LE.

El cuento como recurso didáctico tiene una ventaja si la comparamos con otras actividades que se pueden utilizar en el aula de E/LE. El cuento o relato breve permite al profesor introducir elementos socioculturales que, de otro modo, sería difícil tratar. No sólo nos referimos con esto a hablar en clase de los diferentes escritores o corrientes literarias, aunque también pueda ser interesante, ya que trabajar en clase con una serie de cuentos nos permite estudiar una batería de escritores españoles y latinoamericanos, lo que nos da la excusa perfecta para tratar temas relacionados con la historia de España y la de los países hispanófonos, y con su literatura. Pero nos referimos también al acceso directo a cuestiones culturales que mediante un manual o actividades didácticas simples sería complicado tratar. Por ejemplo, en el cuento El regreso (Rafael Dieste, 1943), el narrador nos dice lo siguiente:

"Sentada al amor de la lumbre, donde un pequeño fuego todavía se esfuerza en hacerle compañía, la vieja Resenda tiene fijo el pensamiento en lejanos recuerdos, y puede que en algún presagio que esa noche le espantó el sueño. A veces se mueve un poco, escucha, y en seguida retorna a su embeleso... Le quedó el nombre de Resenda porque su difunto marido era el señor Resende, y también como un
modo de guardarle respeto.

Aún trabajaba el viejo cuando el mozo gallardo, su Andresiño, regalo de la casa, se fue en grey con otros, mordiendo un clavel, a tierras de Morería. Poco supieron decir de él los otros. Sí, lo habían visto por allá. Pero, debéis tener en cuenta... Allá no es como aquí. Millares y millares de hombres, una romería impresionante. Unos yendo hacia adelante, otros aguantando la sed en la cumbre de un cerro, o transportando los víveres... ¿Quién habla de muerte? Se sabría. […]"

El narrador nos habla de la partida de un joven muchacho a algún país árabe, que seguramente se trate de Marruecos, en la época del Protectorado español de la zona norte del país. Esto nos permite tratar varios temas culturales: por un lado, el uso de la denominación “Morería”, “moro”, para referirse a lo árabe y sus connotaciones; en segundo lugar, el período histórico al que hace referencia; en tercer lugar, la connotación del clavel en España, su relación con la religión y la tradición de la romería, entre otras referencias culturales.

Además de lo dicho más arriba, trabajar con relatos en el aula de español permite al profesor insistir en el papel de la lectura en el desarrollo intelectual, por un lado, y en el lingüístico, por otro. No basta con que les digamos a nuestros alumnos que deben leer para mejorar su competencia gramatical, sintáctica y léxica. Si sólo les decimos esto, pero luego en clase no le dedicamos un espacio, los aprendientes tampoco le darán importancia a la lectura.

Desgraciadamente, lo más frecuente en el contexto de la enseñanza de lenguas extranjeras es que el profesor se limite a enseñar cuestiones gramaticales, léxicas y sintácticas de manera aislada o centrándose en ejemplos concretos. Es cierto que estos ejemplos, muchas veces, se presentan en contexto, en textos reales, pero suele tratarse sólo de fragmentos de textos más extensos, por lo que el aprendiente no puede seguir una historia que podría haber despertado su curiosidad. Aprender una lengua no debería estar separado de conocer la cultura y la sociedad que la utiliza, porque sólo así pueden entenderse muchas cuestiones lingüísticas (los dichos, las comparaciones y las metáforas, las referencias culturales precisas…). Además, la competencia comunicativa en una lengua se desarrolla gracias al contacto con las estructuras sintácticas y lógicas de una lengua, lo cual se ve facilitado enormemente con la lectura, cuando el aprendiente no tiene acceso al entorno lingüístico específico. Este es el caso de la mayoría de aprendientes de E/LE en el extranjero, que tiene al profesor (cuando éste es nativo) como única ventana a la que asomarse a la realidad cultural y lingüística española.

- Perfil de los aprendientes y contexto educativo. Objetivos.

Esta necesidad de acercarse al contexto cultural de la lengua extranjera –en este caso, el español– se acentúa cuando los aprendientes son estudiantes universitarios con una formación en lengua y literatura españolas y con unos objetivos muy específicos: convertirse en traductores. Se trata de estudiantes de primer y segundo año del Diploma de Traductor de la École Supérior Roi Fahd de Traduction de Tánger (Marruecos), equivalente a un nivel de Máster. Son estudiantes con una licenciatura equivalente a nuestra Filología Hispánica, que han estudiado durante 3 años. Por lo tanto, el diploma del que hablamos sería el equivalente al cuarto año de nuestros Grados y al primer año de Máster. Son estudiantes, pues, con un cierto nivel de conocimientos de lengua española. En general, se podría decir que los estudiantes que acceden al primer año de dicha titulación tienen un nivel equivalente a un B1 (según el marco europeo de referencia para las lenguas (3)). A los estudiantes del segundo curso de dicho diploma les correspondería, al terminar sus estudios, un nivel B2.2 o un C1, dependiendo de la evolución de cada estudiante.

Los objetivos de estos aprendientes son claros. Deben dominar la lengua escrita, sus estructuras, la gramática, la sintaxis y el léxico. Pero no sólo eso, también deben conocer la realidad sociocultural española, para poder enfrentarse a los diversas tipologías de textos con las que se van a encontrar en su recorrido profesional. El profesor podría enfocar el proceso de enseñanza desde la perspectiva de las cuestiones lingüísticas concretas, lo cual no estaría mal, pero limitaría el proceso de E/A. Estos estudiantes necesitan asimilar las estructuras del lenguaje escrito, sus mecanismos, y esto no se consigue con el estudio de casos aislados, ni siquiera con la práctica oral, no es suficiente. Un traductor trabaja con textos escritos: no sólo debe conocer la lengua y sus mecanismos, sino que debe poder expresarse con la misma naturalidad con la que lo hace en su lengua materna. Para conseguir esto, el estudiante de Traducción debe trabajar con textos, empaparse de todas las tipologías textuales posibles y, dentro de la literatura, de todos los géneros literarios. Y, al mismo tiempo, claro está, revisar conceptos gramaticales específicos. En este sentido, el uso de textos literarios de corta extensión es muy práctico, ya que permite un trabajo en clase en pocas sesiones. Por eso, además de cuentos, también se ha trabajado con textos periodísticos, como artículos, columnas o reportajes.

Volviendo al cuento o relato corto, vamos a profundizar en la utilidad de este tipo de textos en el aula de E/LE para estudiantes de Traducción. En primer lugar, tenemos que tener en cuenta el contexto específico al que nos enfrentamos como profesores: se trata de estudiantes marroquíes, procedentes de diversas ciudades del país, pero residentes temporalmente en Tánger, donde se encuentra la única escuela de Traducción pública de Marruecos. Existen dos escuelas privadas de Traducción con acreditación, situadas en Casablanca (École Supérieure Marocaine de Traduction et d’Interpretariat) y en Rabat (Institut Supérieur de Traduction), sin embargo, la de Tánger es la que acoge a la mayoría de estudiantes que quieren formarse en este ámbito y la que goza de mejor reputación académica. Cuando el profesor de español decide utilizar textos literarios para explotar como actividad en clase tiene que pensar en la accesibilidad de dichos textos. En Tánger hay pocas librerías y es aún menor el número de librerías que ofrecen literatura en español. Pensar en hacer que los estudiantes compren una novela concreta es, por lo tanto, algo realmente complicado. También hay que tener en cuenta las cuestiones económicas, ya que comprar un libro, aunque no supone un gran desembolso de dinero, puede ser un problema para algunos estudiantes. Visto esto, la opción más asequible y fácilmente accesible es el relato corto, que se puede leer incluso desde la pantalla de un ordenador sin cansar la vista.

Teniendo en cuenta todos estos aspectos, la confección de un dossier de cuentos o relatos cortos se perfila como una buena opción si se quiere trabajar con textos literarios. En nuestro caso, procedimos de la siguiente manera. En primer lugar, establecimos el período académico que dedicaríamos a los cuentos, y decidimos que sería el primer cuatrimestre del curso académico (de octubre a enero). Los dos cursos de la Escuela de Traducción están divididos en cuatro semestres: S1, S2, S3 y S4 (donde S, se refiera a ‘semestre’, aunque el período académico real sea menor a los seis meses). Así pues, nos centramos en los estudiantes de S1 y S3. En segundo lugar, procedimos a seleccionar los cuentos que se trabajarían en cada uno de los dos niveles. Para ello, tuvimos en cuenta la prueba de nivel de lengua realizada a principio de curso (para detectar sus puntos fuertes y sus carencias) y los objetivos a los que queríamos llegar:

• Desarrollar la comprensión y la expresión escritas.

• Trabajar la producción de estructuras sintácticas oracionales, así como el léxico y la ortografía.

• Dar a conocer diversas cuestiones socioculturales, que el estudiante deberá incluir en sus conocimientos sobre la cultura española y latinoamericana.

Por último, trabajamos con los cuentos y aplicamos una serie de actividades en el aula y fuera de ella, con su posterior evaluación por parte del profesor y una puesta en común en el aula.

- Selección de los cuentos o relatos cortos. Criterios y secuenciación.

Seleccionamos cuatro cuentos para los dos grupos (S1 y S2), con el objetivo de trabajar un cuento al mes: lectura nº1 (actividades a entregar hacia el 1 de noviembre), lectura nº2 (actividades a entregar hacia el 1 de diciembre), lectura nº3 (actividades a entregar hacia el 30 diciembre) y lectura nº4 (actividades a entregar hacia el 20 de enero). La selección de cuentos fue la siguiente:

a) Cuentos seleccionados para S1

• Lectura nº 1: Los dos reyes y los dos laberintos, de Jorge Luis Borges.

• Lectura nº2: La carta, de José Luis González.

• Lectura nº3: La caja de música, de Pío Baroja.

• Lectura nº4: El otro hombre, de Miguel Delibes.

Para la selección de estos cuatro relatos, se tuvo en cuenta, por un lado, su extensión (que no sobrepasasen las 25 páginas). Por otro lado, se consideró su nivel de dificultad (adaptados al nivel de los estudiantes de S1) y su temática. Esto último es importante si queremos despertar el interés de los aprendientes y su implicación con la actividad. Tienen que ser cuentos atractivos por algún motivo.

El primer cuento, Los dos reyes y los dos laberintos, de Jorge Luis Borges, se trata de un texto breve, de unas 20 líneas aproximadamente. Hemos escogido este cuento y lo hemos puesto en primer lugar por varios motivos. El primero es su brevedad: vamos a ir presentando textos más breves para ir aumentando la extensión en las últimas lecturas, con el objetivo de despertar la curiosidad de los lectores. El segundo motivo es su contenido: si tenemos en cuenta que los estudiantes son marroquíes, el contenido de este cuento, que trata el tema de la religión y la cultura árabo-musulmana y la pone en relación con otras culturas, puede despertar el interés de los estudiantes, ya que se trata de algo cercano y conocido. Por último, el autor, Borges, es uno de los principales representantes de la literatura argentina.

El segundo cuento es también muy breve. Su autor es el puertorriqueño José Luis González. Con su cuento, La carta, pretendemos trabajar varios aspectos: el tema de la corrección ortográfica, las variedades del español y, en el plano cultural, el tema de la emigración del campo a la ciudad en Puerto Rico y, por extensión, en otros países:

"[…] Qerida bieja:

Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo como don Pepe el alministradol de la central allá. La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de las tiendas mejores. Digale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.
Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos para mandálselo a uste. […]"

El tercer cuento es más extenso, tiene unas veinte páginas, y es del escritor español Pío Baroja. A través de La caja de música podemos hablar de tema de la emigración española al extranjero en la segunda mitad del siglo XX y de las circunstancias en las que se encontraban los emigrantes:

"[…] Hacia finales del siglo XIX conocí en París a uno de tantos españoles que pululan por allí. Era un riojano, a quien llamábamos Luis el de Nájera, porque hablaba con frecuencia de este pueblo, que debía de ser el suyo. Luis no sabía el francés necesario para hacerse servir en el restaurante, y se mostraba al mismo tiempo reclamador y exigente, como si quisiera que le atendieran los que no le entendían.

Él creía que eso de hablar francés era como una mala broma que algunos se empeñaban en sostener por capricho, cuando hubiera sido mucho más fácil que se hubieran puesto a hablar en castellano […]."

Con El otro hombre, de Miguel Delibes, podemos aprovechar para reflexionar sobre aspectos más trascendentales, como las relaciones interpersonales y la importancia de los detalles o de lo que a veces consideramos como algo falto de importancia. Se puede abrir incluso un debate sobre ello en clase, tras la lectura en el aula. Se trata de un texto un poco más difícil de entender, por su tono
semipoético y la elección de un lenguaje culto, además de su voluntad reflexiva y de la enseñanza o conclusión a la que se pretende hacer llegar al lector:

"[…] No, decididamente, aquél no era Juan, su Juan, Juan Gómez, de veintisiete años, con sus gafas siempre limpias, impolutas, y un destello vivaz en las pupilas. Era otro hombre; un hombre extraño, que se aprovechaba de la nieve endurecida sobre el pavimento, y de la caída, y de la rotura del cristal. Sintió un vértigo y gritó fuerte. Pero su resistencia avivaba en Juan Gómez una glotona sensualidad. Y Juan Gómez, al besar los labios de su mujer, se dio cuenta de que ella pendía inerte de sus brazos, de que se había desvanecido. Pero no se le ocurrió pensar en estas cosas menores: en que caiga la nieve y la helada la endurezca, en un resbalón y una caída aparatosa, se esconden muchas veces el destino y los grandes cambios de los hombres."

En el próximo apartado veremos las actividades elaboradas para cada una de las lecturas.

b) Cuentos seleccionados para S3

• Lectura nº1: El regreso, de Rafael Dieste

• Lectura nº2: Médium, de Pío Baroja

• Lectura nº3: La vida por la opinión, de Francisco Ayala

• Lectura nº4: El sur, de Jorge Luis Borges

Como puede observarse, se han elegido prácticamente los mismos autores para S1 y S3. Nos ha parecido interesante que los estudiantes de S1 puedan compartir sus cuentos con los de S2 y viceversa, en el caso de que algún estudiante esté interesado en leer otro cuento de uno de los autores que ha trabajado.

La primera lectura propuesta para S3 es El regreso, de Rafael Dieste, de dos páginas de extensión. Como ya habíamos dicho más arriba, este cuento nos habla de la partida de un joven muchacho a algún país árabe, posiblemente Marruecos. Esto nos permite tratar varios temas culturales y lingüísticos al mismo tiempo: la denominación “Morería” o “moro”, para referirse a lo árabe y sus connotaciones; el período histórico al que se refiere; o la connotación del clavel en España, su relación con la religión y la tradición de la romería, entre otras referencias culturales.

En cuanto al segundo cuento, se trata de un texto un poco más extenso que el anterior (unas cuatro páginas). Médium se trata de una pequeña incursión de Baroja en los relatos de temas esotéricos, basado en una experiencia personal. En este cuento, que capta la atención del lector por su contenido misterioso, podemos tratar temas culturales diversos. Un ejemplo de ello es el tema del luto en España:

"[…] Desde aquel día esquivé como pude el ir a casa de Román. Un día vi a su madre y a su hermana que salían de una iglesia, las dos enlutadas; y me miraron y sentí frío al verlas.

Cuando concluimos el curso ya no veía a Román: estaba tranquilo: pero un día me avisaron de su casa, diciéndome que mi amigo estaba enfermo. Fui, y le encontré en la cama, llorando, y en voz baja me dijo que odiaba a su hermana. Sin embargo, la hermana, que se llamaba Ángeles, le cuidaba con esmero y le atendía con cariño; pero tenía una sonrisa tan rara, tan rara...[…]."

La tercera lectura es La vida por la opinión, de Francisco Ayala, de unas ocho páginas. Es un cuento a partir del cual se pueden trabajar muchos temas socioculturales e históricos relacionados con España: la Guerra Civil, la vida política española de la época en la que está escrito el cuento, el carácter de los españoles,…:

"[…] Esto no son cuentos. Ocurre que, por su carácter vehemente, o quizá por falta de experiencia cívica, los españoles han propendido siempre a tomar la política demasiado a pechos. La última guerra civil los dejó deshechos, orgullosísimos, y con la incómoda sensación de haber sufrido una burla sangrienta.

Apenas les consolaba ahora, rencorosamente, el ver a sus burladores enzarzados a su vez en el mismo juego siniestro -pues había comenzado en seguida la que se llamaría luego Segunda Guerra Mundial...

Yo soy uno de aquellos españoles. Habiendo leído a Maquiavelo por curiosidad profesional y aun por el puro gusto, no ignoraba que la política tiene sus reglas; que es una especie de ajedrez, y nada se adelanta con volcar el tablero. Pero si envidiaba -y cada día envidio más- la prudente astucia de los italianos, que saben vivir, también me daba cuenta de que, por nuestra parte, nos complacemos nosotros en no tener remedio, y estamos siempre abocados a abrir de nuevo el tajo y caer al hoyo […]"

Por último, El sur, de Jorge Luis Borges, es un cuento de unas cinco páginas en el que el autor nos presenta un tema relacionado con la realidad criolla de su país, lo cual nos llevará a comentar en clase esos aspectos de la cultura argentina:

"[...] El hombre que desembarcó en Buenos Aires en 1871 se llamaba Johannes Dahlmann y era pastor de la Iglesia evangélica; en 1939, uno de sus nietos, Juan Dahlmann, era secretario de una biblioteca municipal en la calle Córdoba y se sentía hondamente argentino. Su abuelo materno había sido aquel Francisco Flores, del 2 de infantería de línea, que murió en la frontera de Buenos Aires, lanceado por indios de Catriel: en la discordia de sus dos linajes, Juan Dahlmann (tal vez a impulso de la sangre germánica) eligió el de ese antepasado romántico, o de muerte romántica. Un estuche con el daguerrotipo de un hombre inexpresivo y barbado, una vieja espada, la dicha y el coraje de ciertas músicas, el hábito de estrofas del Martín Fierro, los años, el desgano y la soledad, fomentaron ese criollismo algo voluntario, pero nunca ostentoso […]"

Las actividades propuestas para estas cuatro lecturas, así como las relativas al S1, se presentan a continuación.

- Actividades y explotación de los cuentos.

En primer lugar, confeccionamos un “Dossier de Lectura” para S1 y otro, para S2, que contienen los cuentos íntegros. Les enviamos el Dossier por correo electrónico y les pedimos que lo imprimieran y lo trajeran a clase.

- Actividades de prelectura.

Antes de trabajar la lectura por grupos, realizamos una lectura en clase del cuento. Explicamos algunos datos breves del autor y de la época en la que fue escrito. Durante la lectura, se atendieron a cuestiones de comprensión léxica especialmente.

- Durante la lectura.

Las actividades planteadas a partir del cuento se realizaron en grupo, para motivar el debate literario y fomentar también la comunicación oral. Sin embargo, siempre pedimos a los estudiantes que realizaran la lectura del texto de manera individual y del mismo modo: una primera lectura rápida, vertical, sin pararse demasiado en las dificultades encontradas, sabiendo que una lectura completa del texto puede ayudarnos a resolver problemas puntuales de comprensión; después, una segunda lectura más detenida, realizando ya la búsqueda de palabras cuyo significado desconozcamos, y el análisis de las estructuras oracionales nuevas o que nos planteen algún problema de comprensión. Esto nos parece especialmente importante, puesto que creemos que para entender bien un texto, y sobre todo cuando se trata de un texto en lengua extranjera si se sabe cómo leerlo, es decir, si se ponen en práctica una serie técnicas de lectura. Se supone que la destreza de comprensión de textos se desarrolla en la etapa de la educación primaria y secundaria, y que en un nivel universitario los estudiantes ya deberían ser capaces de acercarse a un texto por sí solos y llegar a una comprensión más o menos profunda del mismo. En nuestro caso, observamos carencias importantes en la destreza lectora y en la comprensión de textos escritos. Por este motivo, consideramos de especial relevancia el hecho de dedicar una sesión o dos a la explicación de estas técnicas de lectura. Tras la lectura del cuento y un primer trabajo de descodificación de su significado, se instó a los estudiantes a que trabajaran en grupo, de la siguiente manera:

Fase de puesta en común:

• Los estudiantes se encuentran tras haber leído, de manera individual, el cuento.

• Exponen sus primeras ideas sobre el cuento: qué les ha parecido, si les ha resultado interesante la lectura y por qué, qué personajes les han llamado la atención, cuáles han sido los pasajes que más habían captado su atención y, muy importante, si alguien no ha entendido algo del texto (ya sea vocabulario, incluso después de haberlo buscado en el diccionario, o en el sentido profundo del texto).

• Cada uno de los miembros del grupo debe hacer un breve resumen oral del cuento, es decir, cada estudiante debe proponer, oralmente, un resumen. De este modo, se ve si todos han entendido el cuento de la misma manera o si hay diferencias de comprensión.

• Intentan exponer la idea central del texto o la enseñanza o moraleja, si la hubiere.

- Tras la lectura.

Fase de escritura y de realización de las actividades planteadas:

• En esta fase, se trabaja en grupo y se nombra a alguien para que sea el encargado de escribir. Cada uno de los miembros del grupo puede hacer intervenciones, de manera ordenada, para ir mejorando las respuestas.

• Cuando se ha puesto por escrito, a mano o a ordenador, el primer borrador de las actividades, se nombra a alguien para que sea el encargado de pasarlo a limpio. Aprovechando las facilidades que nos ofrecen las nuevas tecnologías, podemos hacerlo a ordenador, en formato Word. Esto nos permite realizar la última fase antes de la entrega: la revisión de las respuestas a las actividades. Pedimos a los estudiantes que cada miembro del grupo haga una revisión, desde el punto de vista del contenido y de la corrección ortográfica, gramatical y sintáctica. En esta fase se puede trabajar a distancia, gracias a Internet, enviando por correo electrónico el documento en Word con los comentarios de cada estudiante, o utilizando otras herramientas existentes diseñadas para ello.

a) Actividades de explotación referidas a S1.

Cuento nº1: Los dos reyes y los dos laberintos, de Borges:

1) Cuéntame, con tus palabras (sin copiar directamente de la fuente) quién fue Jorge Luis Borges y los datos más destacados de su vida y de su producción literaria. ¿A qué corriente literaria pertenece? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? (entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) ¿A qué se refiere el autor cuando nos habla de “Babilonia”? (3 puntos)

3) Parafrasea la siguiente oración del texto manteniendo su significado: (7 puntos)

• Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde.

4) ¿Qué significado le encuentras al texto? Expresa tu opinión (entre 100 y 150 palabras). (6 puntos)

Cuento nº2: La carta, de José Luis González:

Leed bien el texto y buscad en un diccionario las palabras que no entendáis. A continuación, contestad a las siguientes cuestiones planteadas. Prestad especial atención a la presentación y a la ortografía.

1) ¿Quién fue José Luis González? Contadme (con vuestras palabras y sin copiar, en la medida de lo posible, directamente de la fuente) los datos más importantes de su vida y obra. ¿A qué corriente literaria perteneció? Sus obras, ¿han sido traducidas? ¿A qué lengua/s? Este cuento que acabamos de leer, ¿tiene alguna relación con su biografía? (4 puntos)

2) En la primera parte del cuento –la carta- observamos muchos errores ortográficos, corregidlos de manera que quede un texto correcto. (6 puntos)

3) ¿A quién se dirige Juan en la carta? ¿Cuál es su objetivo al enviarla? Explica el contenido del cuento. ¿Qué sucede? (6 puntos)

4) ¿En qué países de América Central y Sudamérica el español es lengua oficial? Explica las principales características del español de Puerto Rico. Escribe la/s fuente/s de donde habéis extraído la información. (4 puntos)

Cuento nº3: La caja de música, de Pío Baroja:

Leed bien el texto y buscad en un diccionario las palabras que no entendáis. A continuación, contestad a las siguientes cuestiones planteadas. Prestad especial atención a la presentación y a la ortografía.

1) Explicad los datos más relevantes de la vida y obra de Pío Baroja, además de todos aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el cuento que estamos trabajando. Redactad un texto con vuestras propias palabras. ¿A qué corriente literaria pertenece? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? (entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) Escribid 4 de las palabras que hayáis buscado en el diccionario y su definición (su sentido en el contexto). (2 puntos)

3) Responded a las siguientes cuestiones: (8 puntos)

a) ¿Por qué van Luis el de Nájera y el narrador a varias tiendas de antigüedades?

b) ¿A quién conocen en una de estas tiendas?

c) ¿Qué es lo que le llama la atención al narrador en la última tienda que visitan?

d) ¿Cómo conoce el Sr. Téllez a Carlota?

e) ¿Qué melodías sonaban en la caja de música? Búscalas en Internet (youtube) y escúchalas, para saber qué le gustaba escuchar al abuelo de Carlota.

f) ¿Quién le presta mil quinientos francos al Sr. Lorenzo, a cuenta de la caja de música?

g) ¿Qué encuentra el narrador dentro de la caja de música, tras desmontarla con la ayuda de un joven mecánico?

h) ¿Cuánto dinero obtienen el narrador y Carlota por el hallazgo? ¿Qué hacen con el dinero?

Cuento nº4: El otro hombre, de Miguel Delibes:

Leed bien el texto y buscad en un diccionario las palabras que no entendáis. A continuación, contestad a las siguientes cuestiones planteadas. Prestad especial atención a la presentación y a la ortografía.

1) Explicad los datos más relevantes de la vida y obra de Miguel Delibes, además de todos aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el cuento que estamos trabajando. Redactad un texto con vuestras propias palabras. ¿A qué corriente literaria pertenece? ¿A
cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? (entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) Aportad un sinónimo a las palabras y expresiones siguientes del texto: (4 puntos)

- romperse la crisma

- melifluo

- infortunio

- (ojos) desguarnecidos

- trascendental

- pelele

- pescuezo

- inerte

3) Parafrasead el siguiente pasaje del texto. Intentad no añadir, ni omitir nada, guardando el sentido del texto: (6 puntos)

"[…] Ella no respondió. No tenía nada que decir; por primera vez en diez años le faltaban palabras para dirigirse a Juan Gómez. Sí, no tenía ninguna palabra a punto disponible. Estaba vacía como un tambor. Acumuló sus últimas fuerzas para mirar los ojos romos de él, desguarnecidos, y, por primera vez en la vida, los vio tal cual eran, directamente, sin ser velados por el brillante artificio del cristal. Experimentó un escalofrío. Aquellos ojos evidentemente no eran los de Juan. A ella siempre le gustaron los hombres con lentes; las gafas prestaban al hombre un aire adorable de intelectualidad, de ser superior, cerebral y diligente […]"

4) Resumid las ideas principales del texto, explicando qué sucede (en la historia y entre Juan y su mujer), con vuestras propias palabras. ¿Qué creéis que quiere transmitir el autor a través de este relato? (Mínimo diez líneas aprox.) (6 puntos)

b) Explotación de las lecturas del S2:

Cuento nº1: El regreso, de Rafael Dieste:

Buscad todo el vocabulario que no entendáis.

1) Contadme, con vuestras palabras (sin copiar directamente de la fuente) quién fue Rafael Dieste y los datos más destacados de su vida y de su producción literaria. ¿A qué corriente literaria pertenece? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? (entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) ¿A qué se refiere el autor cuando nos habla de las “tierras de Morería”? ¿Qué quiere decir el autor cuando afirma que “la voz se le ovilló” a Resenda? ¿Qué significa “lobicán”? (3 puntos)

3) Parafrasea el siguiente pasaje del texto manteniendo su significado: (7 puntos)

"Al día siguiente –ya no calentaba el sol- los vecinos llamaron hasta hartarse en la puerta de la casa silenciosa. Finalmente decidieron, después de hablar en grupo con la alegría inconfesada de las alarmas insólitas, echar la puerta abajo. Por el hueco que abrieron los empujones del más corpulento se colaron todos.

Muy pronto dieron con la vieja Resenda. A poco trecho del hogar la encontraron tendida en el suelo, con los ojos tan abiertos que no parecía que estuviese muerta.

De Andrés nunca se supo. Todos dicen que fue comido por los cuervos en tierras de Morería."

4) ¿Qué creéis que le ocurrió a la vieja Resenda, al final del relato? Expresad vuestra opinión (entre 100 y 150 palabras). (6 puntos)

Cuento nº2: Médium, de Pío Baroja:

Buscad en el diccionario todo el vocabulario que no entendáis.

1) Explicad los datos más relevantes de la vida y obra de Pío Baroja, además de todos aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el cuento que estamos trabajando. Redactad un texto con vuestras propias palabras. ¿A qué corriente literaria pertenece? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? (entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) Responde a las siguientes cuestiones:

• ¿A quién o a qué, en el texto, hace referencia el título del cuento, Médium?

• ¿Qué amuletos utilizan los dos niños asustados del relato? ¿Qué significado tiene cada uno de ellos o cuál es su origen?

• ¿Qué era lo que más asustaba al narrador de la hermana y la madre de Román?

3) Parafrasea el siguiente pasaje del texto manteniendo su significado: (7 puntos)

"[…] Un día se nos ocurrió a los dos hacer una expedición por los tejados y acercarnos a la casa del crimen, que nos atraía por su misterio. Cuando volvimos a la azotea, una muchacha nos dijo que la madre de Román nos llamaba.

Bajamos del terrado y nos hicieron entrar en una sala grande y triste. Junto a un balcón estaban sentadas la madre y la hermana de mi amigo. La madre leía; la hija bordaba. No sé por qué, me dieron miedo.

La madre con su voz severa, nos sermoneó por la correría nuestra, y luego comenzó a hacerme un sinnúmero de preguntas acerca de mi familia y de mis estudios. Mientras hablaba la madre, la hija sonreía; pero de una manera tan rara, tan rara...[…]"

4) Contadme alguna experiencia que hayáis tenido o de la que tengáis noticia, relacionada con algún suceso paranormal. Entre 150 y 200 palabras. (6 puntos)

Cuento nº3: La vida por la opinión, de Francisco Ayala

1) Explicad los datos más relevantes de la vida y obra de Francisco Ayala, además de todos aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el cuento que estamos trabajando. Redactad un texto con vuestras propias palabras. ¿A qué corriente literaria pertenece el autor? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? ¿Dónde y cuándo se publica La vida por la opinión? ¿Qué relación tiene con la biografía del autor? Decidme de dónde habéis extraído los datos. (Entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) En este relato, la Guerra Civil española (1936-1939) es el trasfondo político principal. Buscad información y contadme cuándo y cómo se produjo el estallido de este conflicto bélico, quién gobernaba en España y cuáles eran las principales fuerzas políticas en ese momento. (Nota: sólo os pido el comienzo de la guerra, no toda la Guerra Civil). (6 puntos)

3) Responde a las siguientes cuestiones sobre el relato. Justificad vuestra respuesta.

a) ¿Quién es, a vuestro parecer, el narrador?

b) A lo largo del relato el narrador nos presenta a dos personajes. Del segundo nos dice que era un “sevillano gordete, peludo y de ojos azules”. Haced un resumen, con vuestras propias palabras, de su historia. ¿Por qué dice el narrador, cuando empieza a contarnos el caso de este hombre, que se trata de un “caso de honra” y que podría llevar el título clásico de La vida por la opinión? (6 puntos)

4) Explicad, dad una definición o decid a qué se refieren las palabras o expresiones siguientes del texto (en su contexto): (4 puntos)

- vehemente (línea 1)

– repullo (línea 27)

– de soslayo (línea 37)

– jícara (línea 46)

– estraperlista (estraperlo) (línea 51)

– tole tole (línea 52)

– capitoste (línea 55)

– petate (línea 56)

– obcecarse (línea 81)

– empecinarse (línea 81)

– rebullir (línea 89)

– Glorioso Movimiento (línea 101)

– pellejo (línea 109)

– galimatías (línea 147)

– dipneo (línea 149)

– gurdo (línea 149)

– balita (línea 149)

– morisqueta (línea 214)

Cuento nº4: El sur, de Jorge Luis Borges:

Leed el cuento, como mínimo, un par de veces, para entender su significado. Buscad las palabras que no entendáis en el diccionario.

1) Explicad los datos más relevantes de la vida y obra de Jorge Luis Borges, además de todos aquellos aspectos que nos ayuden a entender mejor el cuento que estamos trabajando. Redactad un texto con vuestras propias palabras. ¿A qué corriente literaria pertenece el autor? ¿A cuántos idiomas han sido traducidas sus obras? ¿Dónde y cuándo se publica El sur? Decidme de dónde habéis extraído los datos. (Entre 150 y 200 palabras). (4 puntos)

2) Responde a las siguientes cuestiones sobre el relato. Justificad vuestra respuesta. (6 puntos)

a. ¿Por qué decide Juan Dahlmann subir por las escaleras en lugar de coger el ascensor?

b. ¿A causa de qué cae enfermo Dahlmann?

c. En el relato, el narrador dice que los médicos se llevan a Dahlmann en un “coche de plaza”, ¿qué es?

d. ¿Cómo evoluciona el estado de Dahlmann en el sanatorio?

e. La palabra “estancia” tiene un significado específico en el español de América. Buscadla en el DRAE y decidme a qué hace referencia en el relato. Más adelante aparecen otras palabras con un significado específico en América: ¿qué significan en el relato “palenque”, “almacén”, “vincha”, “chiripá” y “bota de potro”?

f. ¿Qué incidente le ocurre a Dahlmann mientras come en el almacén? ¿Cómo acaba el suceso?

3) Parafrasead el siguiente pasaje del relato. Recordad que la paráfrasis consiste en expresar lo mismo del texto original con otras palabras, expresiones e incluso pudiendo cambiar la estructura de las oraciones. Tratad de no añadir, omitir ni falsear ninguna información. (4 puntos)

"[…] En la cara de la mujer que le abrió la puerta vio grabado el horror, y la mano que se pasó por la frente salió roja de sangre. La arista de un batiente recién pintado que alguien se olvidó de cerrar le habría hecho esa herida. Dahlmann logró dormir, pero a la madrugada estaba despierto y desde aquella hora el sabor de todas las cosas fue atroz. La fiebre lo gastó y las ilustraciones de Las Mil y Una Noches sirvieron para decorar pesadillas. Amigos y parientes lo visitaban y con exagerada sonrisa le repetían que lo hallaban muy bien. Dahlmann los oía con una especie de débil estupor y le maravillaba que no supieran que estaba en el infierno. Ocho días pasaron, como ocho siglos. Una tarde, el médico habitual se presentó con un médico nuevo y lo condujeron a un sanatorio de la calle Ecuador, porque era indispensable sacarle una radiografía. Dahlmann, en el coche de plaza que los llevó, pensó que en una habitación que no fuera la suya podría, al fin, dormir. Se sintió feliz y conversador […]"

4) Explicad, desde vuestro punto de vista y de manera justificada, qué significado tiene este cuento de Borges, qué sucede y cómo lo entendéis. ¿Qué creéis que le ocurre realmente a Juan Dahlmann? (6 puntos)

- Reflexiones a partir de los resultados y conclusiones.

Podemos destacar una serie de aspectos tras la aplicación de las actividades relativas a los cuentos seleccionados. Si nos centramos en la clase de S1, los estudiantes han mostrado un interés creciente por las lecturas y los autores trabajados. Además, el trabajo en grupo ha servido para que los estudiantes se conocieran entre ellos y crear un espíritu de cooperación. En la clase de S3, la situación era diferente: los estudiantes ya se conocían y ha sido más fácil la creación de grupos y la dinámica de trabajo. En ambos cursos, se ha observado una mejora creciente al ir avanzando el semestre, en los siguientes aspectos:

• Presentación formal de las actividades: los grupos empezaron entregando los trabajos sin respetar las normas formales de presentación (justificación del margen derecho del párrafo, uso de un mismo tipo y tamaño de letra para todo el documento, evitar espacios en blanco innecesarios…), lo cual se fue corrigiendo desde la primera entrega.

• Redacción (sintaxis): mayor corrección en la estructura de las oraciones y en el uso de la puntuación.

• Ortografía: mejora en el uso de la tilde y de las mayúsculas.

Se ha observado un interés creciente por la lectura de relatos breves en español y ha habido demandas por parte de algunos estudiantes para ampliar el Dossier de lectura, con más cuentos de los autores estudiados y también de nuevos autores. Los estudiantes, acostumbrados a estudiar esencialmente contenidos gramaticales, han apreciado positivamente la oportunidad de acceder a textos reales en español.

En cuanto a los problemas encontrados, los estudiantes tanto de S1 como de S3 destacan la falta de participación de algunos miembros de los grupos formados. Algunos estudiantes han expresado su voluntad de trabajar de manera individual. Esto ya se detectó tras la primera actividad y se trató de solucionar dejando libertad a los estudiantes para que formaran ellos mismos los grupos de trabajo y
así poder adaptar más fácilmente sus horarios después de las clases. Además, se les explicó de nuevo la metodología de trabajo que se debería aplicar, para que todos los miembros del grupo trabajaran por igual y no hubiese diferencias notables en el esfuerzo realizado. Sin embargo, este problema siguió apareciendo en las siguientes lecturas. Para solucionar esto se podría contemplar la posibilidad de dedicar alguna sesión presencial de clase para la fase de puesta en común, con el objetivo de que el profesor supervise el trabajo en grupo y detecte posibles problemas en la dinámica.

- Referencias.

Baquero Goyanes, M. (1949). El cuento español del siglo XIX. Madrid: CSIC.

Contreira Domingo, L. (2008). El lugar de la literatura en las clases de lengua española. Cuentos, cuentos, cuentos. En A.M. López Ramírez y M. Cibele González Pellizzari Alonso (coords.), Actas del XVI Seminario de dificultades específicas de la enseñanza del español a lusohablantes (pp. 26-31). Brasilia: Embajada de España en Brasil-Consejería de Educación.

Ferraz Yanes, M. (2007). Cuentos contemporáneos para la enseñanza del español como segunda lengua en una clase multicultural. Carabela, 60, pp. 109-115.

Haz Gómez, E.E. (2008). Cuentos tradicionales y literatura contemporánea: tres propuestas didácticas para las clases de ELE. En A.M. López Ramírez y M. Cibele González Pellizzari Alonso (coords.), Actas del XVI Seminario de dificultades específicas de la enseñanza del español a lusohablantes (pp. 138-145). Brasilia: Embajada de España en Brasil-Consejería de Educación.

Mentor, S. (1964). El cuento hispano-americano. México: FCE.

Nussbaum, L. y Tuisón, A. (1996). El aula como espacio cultural y discursivo. Signos, Teoría y práctica de la educación, 17, pp. 14-21.

Rodríguez Almodóvar, A. (1992). El cuento como género literario. En J.L. Onieva Morales, Introducción a los géneros literarios (pp. 197-206). Madrid: Playor.

Rodrigues de Souza Junior, J. (2008). La literatura en la clase de lengua: una práctica de enseñanza intercultural y discursiva. En A.M. López Ramírez y M. Cibele González Pellizzari Alonso (coords.), Actas del XVI Seminario de dificultades específicas de la enseñanza del español a lusohablantes (pp. 122-129). Brasilia: Embajada de España en Brasil-Consejería de Educación.

Sanz Moreno, A. (2003). Cómo diseñar actividades de comprensión lectora. Pamplona: Gobierno de Navarra.

Sin Maciel, A. (2008). El encanto del cuento en la clase de ELE: comprensión, interacción y contexto. En A.M. López Ramírez y M. Cibele González Pellizzari Alonso (coords.), Actas del XVI Seminario de dificultades específicas de la enseñanza del español a lusohablantes (pp. 80-85). Brasilia: Embajada de España en Brasil-Consejería de Educación.

Solé, I. (2001). Estrategias de lectura. Madrid: Graó.

Vidal Ortuño, J. (2004). Tradición y modernidad en la cuentística de José Martínez Ruíz (Tesis doctoral). Universidad de Murcia.

Zogbi, F.A. (2008). Mini-cuentos, ¿cómo trabajarlos en las clases de ELE?. En A.M. López Ramírez y M. Cibele González Pellizzari Alonso (coords.), Actas del XVI Seminario de dificultades específicas de la enseñanza del español a lusohablantes (pp. 103-106). Brasilia: Embajada de España en Brasil-Consejería de Educación.

- Sobre la autora.

Claudia Cotaina Roselló: Doctoranda en el área de Lenguas y Literaturas Modernas de la Universidad de las Islas Baleares (UIB) desde 2012, es licenciada en Traducción e Interpretación (2008) por la Universidad Autónoma de Barcelona, y cuenta con los títulos de Máster en Traducción, Interpretación y Estudios Interculturales (2009, UAB) y Máster en Formación del Profesorado (2011) por la UNED, además de un título no oficial de Graduado Superior en Estudios Internacionales e Interculturales (2009, UAB). Ha vivido y trabajado en España, Francia y Marruecos. En 2012 le fue concedida una beca de investigación doctoral y de movilidad del programa Averroès, gracias a la cual está disfrutando de un período de 18 meses en la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tánger-Tetuán.
Actualmente, trabaja en la École Supérieu Roi Fahd de Traduction como profesora de español, y también como traductora freelance.

(Notas):

(1) Ministerio de Educación, Proyecto Cíceros: http://recursos.cnice.mec.es/lengua/profesores/eso2/t1/teoria_5.htm

(2) “Los orígenes del cuento son muy remotos y aun hoy sin aclarar. Es teoría comúnmente aceptada que el origen del género se encuentra en una colección del siglo II a. C. procedente de la India: nos referimos al Panchatantra. Ésta y otras colecciones llegarán a nuestra Península a través de los musulmanes.” En Tradición y modernidad en la cuentística de José Martínez Ruíz, de José Manuel Vidal Ortuño [tesis doctoral], Universidad de Murcia, 2004. pág. 59.

(3) Marco Común de Referencia para las Lenguas (2002): http://cvc.cervantes.es/ensenanza/biblioteca_ele/marco/cvc_mer.pdf

(Claudia Cotaina Roselló, Universitat de les Illes Balears, España, Revista Internacional de Alfabetización y Aprendizaje de Idiomas, Volúmen 1, Número 2, 2014)

Obra incompleta (Antonio Muñoz Molina)

Quizá la muerte excusó a autores como Pessoa de buscar una coherencia que no llegaría a la altura del desorden de sus materiales

A Miguel Hernández, que tan pocos años tuvo para completar nada, lo entristecía de antemano la idea de unas obras completas: “Yo sé que en esos sitios tiritará mañana / mi corazón helado en varios tomos”. Hay algo antiguo y funerario en esa visión de unos tomos idénticos, encuadernados en oscuro, en piel o semipiel o pseudopiel, alineados en una estantería como en un catafalco. Las únicas obras completas que no inducen a la somnolencia de lo monumental son quizás las de La Plèiade, que tienen un tamaño muy manejable y una flexibilidad seductora, y aun así lo intimidan a uno cuando las ve como un gran muro de inmortalidad impenetrable en los estantes de las librerías francesas. En la exposición sobre Camilo José Cela que hay ahora en la Biblioteca Nacional, una de las cosas que llaman la atención, aparte de su interés por coleccionar esquelas mortuorias y diplomas y esculturas o artefactos de premios, es lo joven que era todavía cuando ya había emprendido la publicación de sus Obras completas, como un faraón que empieza las obras de su pirámide nada más ser elevado al trono.

Cuando yo tenía 20 años, una de las cosas que compré con mi primera beca no de hambriento fue el tomo de las Obras completas de García Lorca publicado por Aguilar en plena dictadura de Franco, con un prólogo largo y muy hermoso de Jorge Guillén. Pero era un tomo, uno solo, aunque fuera muy grueso, aunque abrirlo y leerlo me diera la impresión de estar hojeando el libro de arena de aquel cuento de Borges que se publicó por esos años. Y lo mejor de aquel volumen, con toda su amplitud, era su cualidad aluvial, su amontonamiento de cosas muy diversas, a veces inacabadas, cartas a amigos y poemas que Lorca no publicó en vida, versos magníficos de ocasión escritos en el reverso de una foto tomada en una feria.

Algo que me parece cada vez más revelador de García Lorca es su parsimonia a la hora de publicar libros, como si se resistiera a dar una forma definitiva y cerrada a las cosas en las que estaba trabajando de manera intermitente, los poemas que difundía recitándolos o copiándolos a mano para sus amigos o para sus amores, los que barajaba y abandonaba y corregía y seguía teniendo entre manos. En el catálogo de las obras maestras conjeturales, inacabadas, nunca fijadas y fosilizadas en un texto final, una de las más altas, junto al Libro del desasosiego, los poemas de Emily Dickinson, el Moisés y Aarón de Schönberg, el Don Quijote de Orson Welles, etcétera, es Poeta en Nueva York. Nos estremece la historia de la visita de Lorca a la oficina de José Bergamín para dejarle el manuscrito, y la nota que le dejó en la mesa al ver que no estaba, prometiéndole livianamente un regreso que no pudo suceder nunca. Y se ha estudiado mucho el proceso de la publicación póstuma en México, y la incertidumbre sobre la lista y el orden de los poemas que García Lorca planeaba incluir. Pero se reflexiona mucho menos sobre el hecho, del todo irregular, de que García Lorca tardara seis años enteros en decidirse a su publicación, siendo como eran, y él sin duda lo sabía, la cima de todo lo que había escrito hasta entonces, un torrente de furia expresiva que no tenía comparación sino con algunas odas de Fernando Pessoa, con The Bridge de Hart Crane —Lorca compartió con él alguna noche de juerga en Nueva York— o con la Waste Land de Eliot.

Por pereza, por cautela, por distracción, por el instinto de no interrumpir un largo proceso en marcha, Lorca dejó sin publicar durante los seis años más productivos de su vida esa colección nunca organizada ni cerrada de poemas. Los filólogos y los editores especulan sobre ellos, pero esa incertidumbre que nadie puede resolver ahora se ha inscrito en su naturaleza misma, se ha convertido en parte de su originalidad y su poderío. Tampoco sabemos nada de cuántos poemas habría publicado Emily Dickinson si hubiera tenido tiempo de armar un libro: por ahí andan, agrupados en colecciones exhaustivas o en antologías o selecciones que en vez de aminorar su sentido lo amplían al encontrar conexiones nuevas, secuencias y arquitecturas del azar.

Baudelaire nunca llegó a publicar en libro los poemas en prosa dispersos por los periódicos, ni tuvo un título seguro para ellos, así que lo mismo puede llamarse, según la elección de los editores, Pequeños poemas en prosa o El ‘spleen’ de París. El profesor Francisco Fuster ha publicado diversas antologías de artícu­los de Julio Camba, y en cada una de ellas esos textos dispersos se organizan como por sí mismos con una gozosa coherencia, con un impulso de orden que se parece más a los procesos de la naturaleza que a los propósitos siempre poco dúctiles de la voluntad humana. Los artículos de Julio Camba, los poemas de Emily Dickinson forman libros casi tan infaliblemente como los cristales de hielo forman estrellas geométricas.

Los mundos académicos y literarios andan todavía fascinados por la superstición del diseño inteligente, una prueba más del contumaz oscurantismo que los mantiene hostiles y cerrados a los aires saludables del conocimiento científico. No ha hecho falta que nadie diseñe una hoja, una nube, una pupila, un cerebro. Es probable que la armonía y la belleza de una obra de arte, literaria o visual o musical, dependa también más de sus propias leyes interiores que de la voluntad consciente de su autor. Todo el silencio y la holganza del mes de agosto los he dedicado, con la ayuda de un diccionario portugués-español, a leer un libro que es mucho más rico y más estimulante porque su autor nunca llegó a darle una forma definitiva, el Livro do Desassossego, en una estupenda edición de bolsillo ordenada por Richard Zenith, y publicada en Lisboa por Assírio & Alvim. Y esa lectura la he disfrutado más todavía al compartirla con la de las obras sueltas de Walter Benjamin que viene publicando con persistencia ejemplar la editorial Albada, en traducciones de Alberto Brotons Muñoz. Albada publica también en tomos muy imponentes las Obras completas de Benjamin, pero yo soy un lector ambulante y comodón y me quedo siempre que puedo con los libros aislados, breves y abarcables, en mayor o menor medida sobrevenidos y conjeturales, porque una gran parte de los mejores ensayos de Benjamin o quedaron inacabados o él nunca llegó a reunirlos: piezas dispersas, publicadas en periódicos y revistas, al azar de una ocasión, por un impulso o por un encargo; cuadernos de notas y páginas de diario. La única organización que Walter Benjamin dio en vida a su obra más ambiciosa fue la de guardar manuscritos y borradores en una maleta, más o menos como Fernando Pessoa con las confesiones esquinadas y las divagaciones del ayudante de contable Bernardo Soares. Los dos murieron, como Lorca y como Proust, antes de tiempo, pero quizás la muerte lo que hizo fue excusarlos de intentar una coherencia voluntaria que nunca habría estado a la altura del desorden fértil y orgánico de sus materiales. A mí lo que me gustaría es trabajar durante años, sin ningún apuro, en un libro inacabado.

(Babelia, El País)

'Me llamo Lucy Barton' (Elizabeth Strout). Corta pero enorme

Narrativa. Trad. de Flora Casas. Duomo, 2016. 209 páginas. 16,80 euros. E-book: 9,99 euros

No es cursi, no es sentimental, no es lacrimógena, no es efectista, no es predecible. Por todo eso hay que leer «Me llamo Lucy Barton», de Elizabeth Strout

Si en su país se le reprocha a Anne Tyler, maestra de tanta escritora, su tendencia a lo dulzón (reproche sin fundamento), entonces bien podría pensarse en Elizabeth Strout (clara descendiente de Tyler) como en su contraparte amarga pero no tanto.

Lo saben y lo han degustado aquellos que ya hayan paladeado a esta escritora nacida en Portland (Maine, Estados Unidos) en 1956, quien tuvo que luchar y esperar lo suyo para ser publicada, pero que, con cinco libros en su haber, ya ha llegado a lo más alto.

- Diferente a todo.

Lo disfrutaron los que la descubrieron en «Amy e Isabelle» (de 1998, en su momento admirada por Alice Munro, y su primera aproximación al inagotable filón madre/hija); los que la siguieron en «Abide with Me» (radiografía de pueblo chico con sacerdote y pecadores, de 2006); los que la conocieron con la deslumbrante novela-en-relatos «Olive Kitteredge» (2008, ganadora del Pulitzer y galardonada miniserie de la HBO con Frances McDormand. Consiguió para su resentido personaje lo mismo que Peter O’Toole en «Lawrence de Arabia»: poner rostro definitivo e inmejorable); y los ya fans que no pudieron dejar de pasar las páginas de «Los hermanos Burgess» («thriller» legal/familiar -Strout es abogada- de 2013, ya en proceso de adaptación por Robert Redford para, también, la HBO).

Visto y leído todo lo anterior, a nadie iba a extrañar que lo siguiente de Strout fuese excelente. Lo que nunca cabía esperar es que fuese diferente a todo lo pasado (aunque sin traicionar su esencia). Y, además, en tiempos en los que la llamada Literatura del Yo arrasa -y en más de una ocasión hace estragos-, una obra maestra del intimismo confesional ficticio.

Diferente porque, en comparación a las robustas y expansivas y muy descriptivas y elocuentes novelas anteriores, la breve pero enorme «Me llamo Lucy Barton» -primer puesto en las listas de ventas de Estados Unidos y ya entre las candidatas al Booker de este año- es medular, contenida, organizada a partir de breves capítulos que funcionan como precisos «sketches» y, como bien apuntó una crítica, está construida a partir de silencios que se las arreglan para comunicar el asombro «por toda la vida».

Lo que no quita ni impide que la voz narradora, Lucy Barton -hija y fugitiva de empobrecida familia disfuncional, aspirante a escritora, discípula de la laureada y volátil Sarah Payne, madre de dos hijos y esposa de un buen tipo del que parece sentirse un poco lejos-, sea de las más sutilmente atronadoras que se hayan oído y leído en mucho tiempo.

- Esplendor geométrico.

Aquellos a los que ya no le queda ningún William Maxwell pendiente («Me llamo Lucy Barton» tiene más de un punto en común y de contacto con esa cumbre de la novelística del hacer memoria que es «Adiós, hasta mañana») harán bien en continuar con Elizabeth Strout. Los que se quedaron con ganas de más Lucia Berlin, bien pueden seguir con Lucy Barton.

Una primerísima persona yaciendo, a mediados de los años 80, en una cama de hospital durante casi nueve semanas, después de que una operación de apéndice se complicase. Desde su ventana, el «esplendor geométrico de luces» del edificio Chrysler, al que Lucy Barton describe con lirismo digno de Fitzgerald y cuyo pararrayos equivale aquí a la punta del célebre iceberg hemingwayano donde, en ocasiones, menos es más.

Lucy Barton recibe, allí, durante cinco días, la visita de su madre tras años de no hablarse (su madre no hace otra cosa que contarle y distraerla con estampas de quienes Lucy dejó para siempre atrás en Amgash, Illinois). A partir de eso se permite recordar todo aquello que pensaba olvidado pero no, incluyendo un traumático episodio con su hermano gay y su intolerante padre.

Ahora y aquí, ya escritora de éxito y con un marido diferente, Lucy Barton evoca eso y tantas otras cosas que desembocan en su primera novela.

Y tal vez lo más importante de todo a la hora de celebrar «Me llamo Lucy Barton» es lo que no es y que, tan fácilmente, podría haber sido. Así, «Me llamo Lucy Barton» no es cursi, no es sentimental, no es lacrimógena, no es efectista, no es tramposa, no es predecible, no es obvia, no es deshonesta, no es banal, no es innecesaria.

En un momento del libro, la profesora y mentora de Lucy, la volátil y agotada y agotadora Sarah Payne, durante un curso de escritura creativa, explica: «mi trabajo no consiste en enseñar a distinguir a los lectores una voz narrativa de la opinión particular del escritor», y desprecia más o menos educadamente a todos los asistentes a ese «taller».

- "Escúchame bien".

Pero, a solas, y después de haber leído la versión temprana de lo que está escribiendo (y recordando) Lucy Barton, Sarah le ofrece el siguiente diagnóstico: «Mira, escúchame, y escúchame con atención. Lo que estás escribiendo, lo que quieres escribir es muy bueno y te lo publicarán. Pero escúchame bien. La gente se te echará encima por unir pobreza y maltrato. Una palabra tan absurda, una palabra tan convencional y absurda como maltrato, pero la gente dirá que puede haber pobreza sin maltrato, y tú no dirás nada. Nunca defiendas tu trabajo, nunca. Esta es una historia de amor, tú lo sabes. Es la historia de un hombre atormentado todos los días de su vida por cosas que hizo en la guerra. Es la historia de una esposa que se quedó a su lado, porque eso es lo que hacían la mayoría de las esposas de esa generación, y cuando va a la habitación del hospital a ver a su hija habla compulsivamente de que el matrimonio de todo el mundo va mal, y ella ni siquiera lo sabe, ni siquiera sabe lo que está haciendo. Es la historia de una madre que quiere a su hija. De una manera imperfecta, porque todos amamos de una manera imperfecta. Pero si mientras escribes esta novela te das cuenta de que estás protegiendo a alguien, recuerda una cosa: que no lo estás haciendo bien».

Antes, Sarah Payne advierte: «Sólo tendrán una historia. Escribirán esa única historia de muchas maneras. No se preocupen por la historia. Sólo tienen una».

Esta es la historia de Lucy Barton y es una y es única, y no es muchas cosas pero sí es una sola: es perfecta.

(Rodrigo Fresán, ABC Cultural)

'La mirada sin ira' (Javier Rupérez). Sin ira y con claridad

Memorias. Almuzara, 2016. 384 páginas. 19,95 euros

Rupérez ha sido protagonista de cuatro décadas de política nacional e internacional. Las evoca en sus memorias

Pocos podrán afirmar que Javier Rupérez, con pulcro estilo, no habla claro. Su libro de memorias, «La mirada sin ira», es un sugerente texto para, de un lado, examinar las vicisitudes, vericuetos y dificultades que impregnaron la Transición. De otro, para analizar varios momentos clave de la política exterior española de estas cuatro décadas.

El mérito del autor no es ya que tenga una prosa cuidada, es decir, que escriba bien. Ni siquiera que su periplo diplomático sea rico y, muy a menudo, en destinos punteros. Lo que reviste interés es que Rupérez tiene un criterio personal diáfano e incisivo para enjuiciar los hechos y, además, muy importante, que él estaba allí cuando surgían o se cocinaban. No son narrados de oídas. Los ha vivido, y no entre bastidores.

- Luz verde.

En la primera parte, Rupérez desmenuza decisiones importantes de los dos primeros presidentes de la Transición, desde la luz verde, ¡por fin!, de Suárez a iniciar el proceso de entrada en la OTAN -el autor remacha que el propósito ya estaba firmemente enunciado en el I Congreso de la UCD- hasta la entereza de Calvo Sotelo para serenar constitucionalmente al país después de la algarada del 23 de febrero. Las páginas dedicadas al fallido golpe de Estado te agarran; resultan especialmente punzantes desde un punto de vista humano y político. Rupérez no acaba de comprender lo que llevó a Suárez, con el que había despachado con toda normalidad tres fechas antes, a dimitir. Da alguna pista.

Hay dos pinceladas significativas sobre los judíos. La primera es el machacón victimismo de que hacen gala en entrevistas con dirigentes europeos (Goldberg en el encuentro de Suárez) y que hemos padecido todos los destinados en Estados Unidos. La segunda, que los servicios de inteligencia israelíes, en contraste con los españoles, se olieran que en la tarde del 23-F podía ocurrir algo en nuestro Congreso.

En la ventana exterior hay una descripción ajustada de las elecciones estadounidenses -Rupérez fue embajador allí-; del papel relevante que el gobierno de Aznar ocupó entre los aliados de Washington, lo que implicó ayuda en la lucha contra el terrorismo; de la reacción negativa de la prensa norteamericana por el resultado electoral en España después del atentado de Atocha («un ejemplo claro de la sumisión de la sociedad española a la voluntad de los terroristas»); y una convincente pincelada del berrinche del gobierno americano con la rauda y, para ellos chapucera, retirada de nuestras tropas de Irak. Los políticos yanquis encontraron desleal y torpe la explicación española, afearon al ministro Bono «el incumplimiento de sus promesas», y Powell y Condoleezza Rice le leyeron la cartilla a Moratinos en unas entrevistas, afirma el diplomático memorialista, «que recuerdo como las más desagradables que he debido contemplar en mi vida política».

- Alfilerazos.

Nuestro escritor no vacila en dar alfilerazos a adversarios, correligionarios y amigos. Hay críticas a los democristianos catalanes y vascos por boicotear la entrada del partido de Rupérez en la internacional de esa corriente; a Óscar Alzaga por su papel en la desintegración de ese partido; al sociólogo Linz por su pifia descomunal al pronosticar que la España posfranquista estaría «dominada por dos partidos mayoritarios, la democracia cristiana y los comunistas»; al ministro socialista Fernando Morán por su tendenciosidad (le dijo «que no le correspondía al gobierno de un protofascista como Suárez traer la democracia a España»); y también a los dirigentes de EE.UU. El gobierno de Bush hizo una gestión de la posguerra en Irak «cargada de improvisación y sobrada de errores».

El ensayo cubre otros aspectos de interés de nuestra política exterior reciente, la independencia de Guinea, el Polisario, la batalla de la OTAN, las necesarias pero, en ocasiones, inoperantes Naciones Unidas... Todos contribuyen a hacer el libro útil e iluminador. Para mí lo ha sido holgadamente.

(Inocencio F. Arias, ABC Cultural)

La hora de la literatura (Laura Restrepo)

Los escritores colombianos tienen ante sí un nuevo horizonte para explorar el lenguaje de la reconciliación

Quién iba a pensar que fuera tan difícil escribir una palabra de tres letras y una sola sílaba: PAZ. Toda una vida de nación en guerra, cientos de miles de muertos, millones de desplazados y varios años de negociaciones fue el precio que pagó Colombia antes de redactar el acuerdo que ahora permite asomarse al final de un conflicto armado que parecía infinito. Es un texto de 300 páginas y 127.414 palabras, y lleva a pensar que hacer la paz también pasa por escribirla. Y no sólo en un documento histórico como ese; también en un previsible aluvión de novelas, poemas, ensayos, grafitis, blogs, reportajes y obras de teatro.

Pero volvamos al punto de partida: la dificultad de poner con lápiz sobre el papel esa palabra, paz, esquiva como una promesa. Generación tras generación, los escritores colombianos nos hemos vuelto expertos en las muecas de la violencia, que nos resulta tan familiar como a otros la plaza de su pueblo o el patio de su casa. Yo era niño y tú mi compañera, dice Antonio Machado de su vieja angustia, y otro tanto podemos decir nosotros de una guerra que ha permeado nuestras vidas y nuestros libros. Y que ha marcado muchas de nuestras mejores páginas y personajes más emblemáticos, desde Arturo Cova, de La Vorágine, en cuya boca puso el autor aquella frase agorera: “Jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia”; pasando por el coronel Aureliano Buendía, a quien García Márquez hizo pelear cien guerras y perderlas todas, o por el bandolero Desquite, de quien el poeta Gonzalo Arango cuenta que grabó a filo de puñal en la culata de su arma la leyenda “Esta es mi vida”.

Pregunta Arango sobre la tumba de Desquite: “¿No habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?”. Y yo a mi vez me pregunto, ahora que el país siente que se aleja de esa muerte constante que parecía ser nuestro destino: ¿podremos los escritores empezar a sondear los posibles ángulos de la vida, lograremos pintar sus pliegues y repliegues? Está claro que la literatura no admite condicionamientos ni fórmulas, y menos aún consignas, porque vuela libre. Pero también es cierto que tiene alma exploradora y vocación de futuro, y que, como dijo Deleuze, la narrativa es la historia de un pueblo que todavía no existe.

Nuestros oídos acostumbrados al ruido y la furia, ¿se abrirían ante los susurros de la paz? ¿Nuestras historias alertas y estridentes podrán serenarse ante la duermevela de la cotidianidad? Cotidianidad, esa palabra tan ajena a nuestro agitado acontecer y a nuestros estremecidos relatos. Y que se hermana en suavidad y secretismo a esa otra noción, la de intimidad, que suele escapársele a una literatura casi siempre atareada con el tropel de acontecimientos. Y en el terreno de la ética, habrá que emprender exploraciones lejos del burdo reduccionismo bélico, según el cual es bueno quien está conmigo y malo quien disiente. Corresponderá ir desentrañando en cambio un sistema de valores, un código de convivencia que ayude a construir un nosotros donde antiguos enemigos puedan reencontrarse.

Indispensable ha sido escribir nuestra guerra —nuestras guerras— una y otra vez a lo largo de decenios, bregando a asirlas o, si se quiere, a exorcizarlas. Con frecuencia se ha producido en el país literatura magnífica al tratar de comprender la violencia; al acorralar el frenesí de su sinrazón a través del raciocinio de investigaciones, reportajes y ensayos; al quebrar la embestida de su caos desde la trinchera de un discurso potente y límpido. Así fue, así tuvo que ser y así seguirá siendo, porque en la paz no se aterriza como en un aeropuerto: es un camino arduo y culebrero. Y porque la paz que acaba de firmarse es por lo pronto una paz y quedan por conquistar muchas otras.

Pero también cabe suponer que más de uno entre nosotros aproveche esta hora propicia para indagar a qué sabe eso que llamamos paz, cuáles son sus conflictos y traiciones, sus cimas y sus caídas. ¿Qué signos la deletrean, qué contradicciones la atraviesan, qué silencios impone, cuáles palabras la nombran? El lenguaje de la reconciliación, que los escritores españoles han ejercitado como diálogo vigoroso desde el final de su Guerra Civil, tal vez obtenga entre los colombianos su momento y sus profetas. Si hace unos años el poeta Juan Manuel Roca escribía que la violencia colombiana lo había llevado a tener más amigos en los cementerios que en los bares, me gusta pensar que justo ahora quizás otro poeta —o quizás el propio Roca— debe estar planteándose esta serie de preguntas en la mesa de algún bar entre un grupo de buenos amigos.

(Babelia, El País)

Crítica de 'La comunidad revocada' (Jean-Luc Nancy). La amistad, una forma de la filosofía

A partir del concepto de comunidad, Nancy propone un libro introspectivo, una conversación con espíritus afines de fecunda complejidad

La noción de comunidad es de una actualidad bochornosa. Ante este bochorno resulta imposible explicar otro: en estos seis meses desde su aparición, La comunidad revocada no recibió comentario alguno. Pero conviene remontarse más en el tiempo y reconstruir el origen de esta obra: hace años fue precisamente un artículo (de Jean-Luc Nancy) que provocó un libro ( La comunidad inconfesable de Maurice Blanchot) que décadas más tarde dio pie a este otro de Nancy. Es inevitable, por ende, que Nancy hable de sí mismo –se menciona por apellido–, pero este salto no implica esfuerzo para un pensador francés: Blanchot, Nancy y aun Derrida –esa cara tan unánime como incontable– eran aficionados a deslizarse de la primera a la tercera persona, no tanto para desaparecer como para hacerse más visibles, para sí mismos y los demás.

En ellos, la amistad perfiló aspectos decisivos de la escritura de unos y otros, y el libro de Nancy es a la vez un ensayo sobre la amistad, real o literaria, y más específicamente sobre la amistad entre intelectuales franceses en la segunda mitad del siglo XX. Entre Blanchot y Nancy, desde luego, aunque también sobrevuelan Philippe Lacoue-Labarthe y Jean-Christophe Bailly, todos ellos expertos en hacer de la amistad un lugar de supuestos, de silencios resonantes, reproches amables –por elevación–, e interpretaciones suspendidas, diferidas. Nancy indaga cómo habérselas con un amigo que cometió un error casi irreparable (podría especularse que para volverse más secreto o para perfeccionar un estilo), y es un hábito arraigado en esta clase de filósofo dar por sentado que lo conocen al otro mejor de lo que este podría adivinar, e incluso mejor de lo que se conoce a sí mismo. Otra de sus rutinas típicas es tratar de delimitar diplomáticamente el campo de investigación ajeno (quizá para que no se debilite el propio). Parecen estocadas de esgrima entre una flor arrojada y la siguiente.

Son distinguidas debilidades francesas: la tentación de hacer circular enigmas –reales o asumidos–, de crear diferendos artificiales, o de exagerar la importancia de diferencias mínimas entre las acepciones de un término resonante. Lo cierto es que La comunidad revocada sólo puede ser un libro francés, un diálogo subterráneo entre colegas que se responden póstumamente. (En este género, Derrida era un veterano de guerra).

Es también un ensayo sobre el intríngulis de escribir sobre otro, o la casi imposibilidad –sublime imposibilidad, en ciertos casos– de hacer crítica. Reaparece ese tic no sólo francés de competir por demostrar quién lee mejor la obra de otro. ¿Se trata, en suma, de la probabilidad o inviabilidad de que escritor y lector establezcan una pequeña comunidad? Como en su momento Blanchot y Bataille –espíritu tutelar de ambas obras–, quizá Nancy se quedará hablando con unos pocos, pero no se le puede exigir que simplifique; ya bastante simplificadas se enorgullecen de ser ciertas deliberaciones públicas.

Todos los mencionados han sido eficaces –quizá esta costumbre empezó con Mallarmé– para que una frase ambigua, irresuelta, irradie más círculos en el agua. Un ejemplo es el uso y abuso del “sí mismo”, siempre tentador porque da idea de círculo que amaga con cerrarse. A propósito, el libro de Nancy va adquiriendo una forma particular, que sólo se ve desde adentro, por decirlo así, no desde afuera. Como el de Blanchot, es inexplicable, y por eso inagotable, cada uno a su manera, con destellos de una vigencia y una claridad auspiciosas.

(Matias Serra Bradford, Revista Ñ, Clarín)

'El Señor de los Anillos' (J. R. R. Tolkien). El mito deconstruido

El paso del tiempo ha consolidado la obra de Tolkien. En el 60 aniversario de «El Retorno del Rey», Minotauro viste de largo la saga de «El Señor de los Anillos» y nos la ofrece en edición especial con «Guía de Lectura». Un 10 absoluto

El Señor de los Anillos. Edición especial 60 aniversario. Fecha de publicación: 20/12/2015 | 2582 páginas | Idioma: Español | ISBN: 978-84-450-0278-0 | Código: 10129568 | Formato: 15,5 x 23,3 cm. | Presentación: Pack | Colección: Biblioteca J. R. R. Tolkien | Traductores: Matilde Horne | Luis Domènech | Rubén Masera | Simon Saito Navarro | Martin Simonson | Nur Ferrante | José Elías Álamo Gómez

En 1961 se le negó el Nobel de Literatura al creador de «El Señor de los Anillos» porque su prosa, según la Academia Sueca, «no estaba a la altura». El ganador de aquella edición fue un yugoslavo, autor de «Un puente sobre el Drina», de quien el jurado destacó «la fuerza épica con la que ha descrito los destinos humanos de la Historia de su país». Es curioso que ambos escritores tengan grapada la palabra «épica» a su carta de presentación. Pero mientras Ivo Andric describe de forma descarnada hechos históricos de su Bosnia natal, desde su conquista por el Imperio Otomano en 1389 hasta la creación del Estado yugoslavo tras la Gran Guerra, Tolkien consigue la suspensión de la duda, es decir, hacer que un mundo imaginario con su propia historia, mitología, geografía y lengua sea completamente verosímil.

«Para la mayoría de los críticos modernos, el mito es sinónimo de mentira o falsedad», explicaba hace unos años a ABC Francisco Porrúa, el editor de las obras de Tolkien en castellano que fundó Minotauro en 1954, el año en que se publicó en el Reino Unido «La Comunidad del Anillo», la primera entrega de la saga. «Para él, en cambio, es la única manera de que ciertas verdades trascendentes puedan expresarse de un modo tangible».

- Por goleada.

Tolkien apabulla a Andric en número de entradas en internet. La epopeya fantástica «golea» a la balcánica. Los votantes del Nobel jamás lo habrían imaginado. Como tampoco que aquella prosa «sin nivel» iba a inspirar durante décadas a ensayistas, ilustradores y cineastas para alumbrar vástagos. Las ramificaciones de este particular reino de las hadas tiende al infinito, incluyendo sesudos análisis, atlas, enciclopedias, libros preñados de maravillosas ilustraciones, calendarios y hasta gramáticas del lenguaje de los elfos. Las películas de Peter Jackson triunfaron en la caja registradora y alcanzaron reconocimiento artístico (17 Oscar, incluyendo los 11 de «El Retorno del Rey»). Después de sacar hasta el tuétano de «El Hobbit», todavía quedan por llevar a la gran pantalla las leyendas de «El Silmarillion». La mercadotecnia ha explotado el fenómeno hasta la náusea. El «boom» camina por encima de todas las sombras. Y nos sobrevivirá a nosotros, a nuestros hijos y nuestros nietos.

«Frodo lives!» se convirtió en un eslogan de la contracultura de los años 60 y 70, cuando «El Señor de los Anillos» no había calado en la crítica ni en el público. Ni, por supuesto, en la Academia Sueca. Hay quien asocia la frase al hecho de que el portador del anillo viviría eternamente con los elfos, o a una simple reivindicación de la obra. En mi opinión, tiene que ver con la «credibilidad» de los personajes. Frodo vive; es decir, existe. «Crear un mundo secundario en el que un sol verde resulte admisible ha de exigir una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan arriesgadas. Pero cuando se intentan y alcanzan, nos encontramos ante un raro logro del Arte», escribió Tolkien.

Las legiones de «tolkiendili» (fans irredentos del profesor de Oxford) hablan de Gandalf, Aragorn, Frodo, Sam y demás miembros de la Compañía del Anillo como si los hubieran invitado a cenar ayer mismo. Son de la casa. Imitando a los ents (los pastores de árboles que viven en las profundidades del bosque de Fangorn), los miembros de la Tolkien Society, fundada en 1969, organizan cada año una asamblea en Oxford, la Oxonmoot, en el fin de semana más cercano al cumpleaños de Bilbo y Frodo, los hobbits más renombrados. Esto no ocurre con otros personajes ficticios de la cultura pop, ni siquiera con los más célebres de estos tiempos: los que habitan en la novela río «Canción de hielo y fuego», de G. R. R. Martin, más conocida por el título de su primera entrega («Juego de Tronos»), aunque una impactante serie televisiva les haya puesto rostro. Simplemente, porque no existen. Y los habitantes de la Tierra Media, sí.

«Tolkien era un hombre incomprendido porque era un hombre entendido en mitos (en inglés, “misunderstood” y “mythunderstood”)», reflexiona Joseph Pearce, autor de «Tolkien, el hombre y el mito». En 1970, Porrúa se hizo con los derechos de «El Señor de los Anillos» en el último minuto y por azar, pues lo encontró entre los libros de desecho que tenía un agente en Buenos Aires. Cuarenta y cinco años después de aquel hallazgo, y coincidiendo con el 60 aniversario de la publicación de «El Retorno del Rey», Minotauro ha lanzado una lujosa edición especial que incluye una «Guía de Lectura» de más de mil páginas, lo que obliga a sus lectores a un viaje tan largo como apasionante: saltar de un libro a otro para deconstruir el mito. Una «delicatessen».

- 600.000 palabras.

El volumen, firmado por Wayne G. Hammond y Christina Scull, es mucho más que «El Señor de los Anillos» anotado. Que también. Reflexiona sobre su evolución, estructura y significado; glosa su creación, publicación y recepción por parte de la crítica; e incluye la nomenclatura que Tolkien puso a disposición de los traductores y que había permanecido inédita en castellano hasta hoy, además de varios árboles genealógicos y una cronología escrita a mano por el autor en la que se puede ver dónde está cada personaje en un día determinado, qué luna había… Una guía que es como los cimientos de piedra que apuntalan los tres tomos de la obra. La edición se acerca a los deseos de Tolkien, con mapas a dos tintas, las páginas del «Libro de Mazarbul» en un desplegable y las sobrecubiertas que él diseñó y no se utilizaron por falta de presupuesto.

«“El Señor de los Anillos” fue empezado en 1937 y cada una de sus partes ha sido reescrita muchas veces», explicó Tolkien en 1951, sin duda fatigado por el parto de su criatura. «No hay prácticamente ninguna palabra, en sus 600.000 o más, que no haya sido considerada. Y la ubicación, el tamaño, el estilo y la contribución de la totalidad de los detalles, incidentes y capítulos han sido escrupulosamente meditados. Lo que intento decir es esto: no puedo alterar la obra de manera sustancial. La he terminado, me la he quitado de la mente. El trabajo ha sido colosal, y ahora debe sostenerse o caer tal cual está».

«Tolkiendili» de toda clase y condición se han encargado durante décadas de sostenerla contra viento y marea, lo que evidencia el cisma del público con la crítica purista. «El Señor de los Anillos» ocupó el primer lugar como el libro más importante del siglo XX en una encuesta de 1997 realizada por la BBC y las librerías Waterstone a 25.000 personas del Reino Unido. En España, ABC Cultural hizo un sondeo parecido en el que participaron cerca de diez mil lectores y la obra alcanzó la séptima posición.

«Es deprimente pensar que quienes han votado el mejor libro del siglo XX se encierren en un mundo inexistente», se quejó Susan Jeffreys, del «Sunday Times». El escritor Howard Jacobson fue lapidario. «Tolkien… Es algo para niños, ¿no? O para adultos retrasados. Eso demuestra la estupidez de enseñar a la gente a leer». También hubo opiniones contrarias, como la del filósofo Patrick Curry: «Tolkien habló de los temores de los lectores de finales del siglo XX… y les dio esperanza. ¿Quién vive en un mundo de fantasía? Los críticos de Tolkien, no sus lectores, han perdido el contacto con la realidad».

Ian Collier, de la Tolkien Society, dice que «El Señor de los Anillos» no es un relato para niños, sino «una obra compleja abierta a discusión e investigación». Chesterton, alma gemela de Tolkien, lo tenía claro: «Cuanto más genuinamente vemos la vida como un cuento de hadas, con más claridad se resuelve el cuento mediante una lucha contra el dragón que está desolando la tierra de las hadas». La novela desgrana verdades trascendentes como la amistad, la lealtad, el idealismo o la esperanza sin garantías, que nos exige luchar, ser inconformistas e insobornables para vencer a la muerte. ¿Hay algo más pegado a la realidad del ser humano?

(Miguel Ángel Barroso, ABC Cultural, ABC)

El rumano Norman Manea, premio de la Feria del Libro de Guadalajara

El galardón se entregará el 26 de noviembre, fecha de la inauguración del certamen mexicano

El escritor rumano Norman Manea ganó el XXVI Premio Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) en Lenguas Romances 2016, anunció hoy la portavoz del jurado, la española Mercedes Monmany.

El galardón, con una dotación económica de 150.000 dólares (133.913 euros), será entregado el próximo 26 de noviembre en la inauguración de la XXX edición de la FIL de Guadalajara, la feria literaria más importante del mundo en español.

El jurado, que premió al escritor rumano por unanimidad, estaba compuesto por João Cezar de Castro Rocha (Brasil), Ottmar Ette (Alemania), Alberto Manguel (Argentina/Canadá), Mercedes Monmany (España), Louis Chevaillier (Francia), Jerónimo Pizarro (Portugal/Colombia) y Philippe Daros (Francia).

Nacido en Suceava (Bucovina) el 19 de julio de 1936. Norman Manea es autor de una obra inmensa que no puede definirse por los géneros literarios tradicionales. Sus grandes temas son las lecciones de la memoria, la absurda violencia del siglo pasado, sus repercusiones en el presente y quizá por sobre todo, la cuestión de la identidad itinerante. Frente a las catástrofes de la Historia y a los exilios a los que estamos sometidos, Manea pregunta con agudeza e ironía cómo podemos definirnos en un mundo de espejos cambiantes.

El personaje central de toda su obra es el judío errante encarnado en múltiples personalidades y épocas. La vieja Europa y el Nuevo Mundo se entrelazan en la obra de Manea para servir de escenario a sus peregrinaciones, con un acusado sentido del humor muchas veces negro.

En su extensa obra traducida a más de treinta idiomas se destacan los títulos: «El regreso del hooligan» (2003), «Felicidad obligatoria» (1999), «El sobre negro» (1986), «Payasos: el dictador y el artista» (1997), «La quinta imposibilidad» (2012), «El impermeable» (1990) y sus cuentos reunidos en el volumen «El té de Proust» (2010).

(ABC)

Libros que debería leer antes de terminar la universidad

Le pedimos a once docentes que recomendaran el libro que todo estudiante universitario debería leer

- Miguel Ángel Manrique: El mundo según Garp, de John Irving

Miguel Ángel Manrique es ganador del Premio Nacional de Novela (2008) del Ministerio de Cultura con Disturbio. Profesor universitario y editor. Dicta el Taller de novela corta del Fondo de Cultura Económica.

"Aunque antes de graduarse de la universidad los estudiantes deberían haber leído muchos libros, Drácula de Bram Stoker o Un año pésimo de John Fante, por ejemplo. El mundo según Garp de John Irving no debería pasar desapercibida para estos lectores. Esta novela narra la historia de una enfermera, la sobreprotectora Jenny Fields y de su hijo Garp, producto del último disparo seminal del moribundo sargento Garp, para hacerse un lugar en medio de la sociedad hipócrita y conservadora del Boston de la posguerra. Irving desarrolla una historia conmovedora, cargada de humor e ironía, en la que la madre y el hijo lucharán, la una para liderar el movimiento feminista, el otro para convertirse en escritor y padre de familia. A través de los ojos de Irving veremos la transformación tragicómica de los personajes, sus éxitos, fracasos, desvelos y miserias. En este gran fresco norteamericano, Irving nos revela los secretos más íntimos de las relaciones humanas, que es de lo que tratan las novelas. Cómo olvidar ese primer capítulo, desternillante y conmovedor. Cómo olvidar el Boston Mercy, la pensión Grillparzer o el relato "El mundo según Bensenhaver". Publicada en 1982, El mundo según Garp es una buena iniciación a la lectura. Cómo olvidar la frase: Así deben de ser las familias, pensaba Jenny Fields. Sentía que, si alguna vez tenía hijos, los amaría igual a los veinte que a los dos años; de hecho, pueden necesitarte más a los veinte, pensaba".

- Leonardo Faccio: Tractatus Logico-Philosophicus, de Ludwig Wittgenstein.

Leonardo Faccio es periodista y fotógrafo. Editor Asociado de la revista Etiqueta Negra. Docente de la UAB y la Universitat de Barcelona. Autor de Messi: El chico que siempre llegaba tarde [Y hoy es el primero] (2011)

"Ya que en la Universidad se supone que aprendemos a dar sentido a ideas complejas, y a expresarlas con propiedad, antes de acabar el curso académico tal vez es buen momento para repensar desde la Lógica los alcances de la palabra y el silencio. La obra de Wittgenstein es un desafío intelectual con valor poético que, por su carácter críptico, incita a descifrar su complejo proceso de creación y edición, un derrotero que puede leerse en La génesis del Tractatus, de G.H. von Wright, y en las cartas que el autor envió a Keynes, Moore, Ramsey, Eccles, Engelmann, L. von Ficker y a su maestro, Bertrand Russell, autor del imprescindible prólogo del libro. Para su lectura en castellano recomiendo la edición de Alianza editorial, con introducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera".

- Maryluz Vallejo: La rebelión en la granja, George Orwell.

Maryluz Vallejo es reportera y editora cultural. Es directora de la revista Directo Bogotá y profesora titular de tiempo completo del departamento de comunicación de la Universidad Javeriana.

"Deberían leerse La rebelión en la granja, una sátira que George Orwell publicó en 1945 para desnudar las mentiras del estalinismo. Mantiene su vigencia porque es aplicable a cualquier sistema político en tanto retrata la condición humana frente a las tentaciones del poder, la división de clases, la corrupción, la doble moral, la manipulación ideológica. Con corrosivo humor inglés, esta fábula enseña porqué todos los animales (léase hombres) son iguales, pero algunos son más iguales que otros".

- Guido Tamayo: Lecciones de los maestros de George Steiner.

Guido Tamayo recibió la beca de creación literaria del Ministerio de Cultura de 2007, obtuvo el Primer Premio de Novela Corta de la Pontificia Universidad Javeriana(2010) con El inquilino y es profesor de expresión escrita en la Universidad Externado y de escritura creativa en la Universidad Nacional.

"Los seres humanos en general y todos los estudiantes universitarios en particular, deberían leer Lecciones de los maestros, libro del gran ensayista George Steiner. En él Steiner- después de hacer un ilustrativo periplo relatando la experiencia de distintos personajes históricos que practicaron la docencia de alguna forma como Sócrates, Platón y Jesús, y de algunos de sus discípulos como Virgilio, Dante, Husserl y Heidegger entre otros-, establece una antigua conversación sobre las relaciones de poder entre ellos. El resultado de esa interacción entre maestros y discípulos deja como resultado alguna de estas tres opciones: la del ejercicio del poder del maestro sobre el discípulo (la más común); la rebelión del alumno contra su mentor (esporádica, aunque cada vez más frecuente) y, por último, el diálogo sincero, abierto y apasionado entre los dos (lastimosamente excepcional)".

- Carlos Gaviria Díaz: El Quijote, La decadencia de Occidente, y Hamlet.

Carlos Gaviria es abogado. Ex-magistrado de la Corte Constitucional y ex candidato presidencial. Ha sido profesor durante treinta años, decano y vicerrector de la Universidad de Antioquia.

"Toda persona de formación universitaria, al margen de cuál haya sido su área específica de estudio, debe leer al menos la que se juzgue obra emblemática de su lengua. En nuestro caso, El Quijote.

Para desterrar de su mente la idea de que existe una historia de la humanidad y no una historia de las culturas, La Decadencia de Occidente, de Oswald Spengler, obra erudita y sorprendente, escrita con una emoción estética incomparable. Y para conocer al más grande personaje dramático, en contraste con Don Quijote, y símbolo de los problemas que acosan al intelectual occidental, Hamlet".

- Roberto Herrscher: Hiroshima de John Hersey.

Roberto Herrscher es director del Master en Periodismo de la Universitat de Barcelona y la Universidad de Columbia. Colaborador de Etiqueta Negra, Gatopardo, La Vanguardia y el digital The Objective.

"Creo que si todos leyeran antes de terminar la universidad Hiroshima de John Hersey y lo tomaran como propuesta de actitud, de mirada hacia el "otro", el mundo sería medio milímetro mejor. Hersey, un norteamericano hijo de predicadores protestantes, cubrió la Segunda Guerra Mundial empotrado con las tropas de su país. Unos meses después del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945, viajó a la ciudad devastada y entrevistó por horas y horas a decenas de sobrevivientes. Su pequeño gran libro cuenta la historia de seis de ellos, desde su punto de vista, apelando casi exclusivamente a lo que vieron, oyeron, hicieron, sintieron. No habla de simpatía o empatía con estos ciudadanos de un país enemigo, sino que la ejerce sin más. Nos pone en su piel, debajo de la bomba, y después nos lanza a arrastrarnos intentando sobrevivir y al mismo tiempo, entender qué pasó y qué está pasando. Hiroshima, publicado en la revista The New Yorker en el primer aniversario de la bomba, es uno de los libros que más ha hecho reflexionar y hasta cambiar de idea a una sociedad entera. Es no ficción, pero es una joya de la literatura. En resumen, creo que leer Hiroshima nos hace más humanos. Ojalá todos los que la leen pudieran mirar a su alrededor y pensar aunque sea por un segundo que es posible contar la historia de "el otro" de su tribu, su país o su religión como hizo John Hersey con ese puñado de japoneses aturdidos".

- Alberto Salcedo Ramos: Sugeriría Lo que no tiene nombre, de Piedad Bonnett.

Alberto Salcedo Ramos es periodista. Ha sido docente de la Javeriana y de la Universidad de La Sabana. Tallerista de la FNPI. Ganador del Premio rey de España (2013).

"Es un libro que le encuentra sentido a las palabras, porque las usa para buscarle una explicación lúcida, valiente y amorosa a lo que parece no tenerla. Es uno de esos libros escasos que verdaderamente lo transforman a uno. Creo que un chico universitario, al terminar de leerlo, correría adonde su mamá a darle un beso, lo cual no es poca cosa. Este libro es una experiencia vital que nos enseña mucho sobre el respeto, la tolerancia y el amor".

- Patricia Ayala: Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski.

Patricia Ayala Ruiz es cineasta, periodista, docente universitaria, ganó el estímulo del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico y filmó el documental DonCa.

"Para un montón de muchachos que llega, y a veces sale de la universidad, sin que la cabeza les haya crecido lo suficiente como para que el mundo les quepa en ella, esta obra —que puede ser un reportaje, un tratado o un libro de viajes— de uno de los más célebres escritores y periodistas de los últimos tiempos, es una magnífica puerta de entrada a eso que llamamos universalidad, de la cual todos los universitarios deberían hacer gala".

- Óscar Collazos: Robinson Crusoe de Daniel Defoe.

Óscar Collazos es un escritor, columnista y crítico literario colombiano. Es Doctor Honoris Causa en Literatura de la Universidad del Valle (1997).Tierra Quemada (2013), es su más reciente novela.

"Cuando se nos olvidó cómo vivir en sociedad es cuando debemos recordar cómo hacerlo".

- Lucas Ospina.

Antes que recomendar un solo texto, prohibiría unos cuantos: si se trata de un texto largo comenzaría por la comedia Maestros Antiguos de Thomas Bernhard y el compendio Escritos de Eduardo Chillida. Si se trata de textos breves les pediría no leer La obra maestra desconocida de Honore Balzac, Un artista del hambre de Franz Kafka, El Aleph de Jorge Luis Borges, El perseguidor de Julio Cortazar, La página en blanco de Isak Dinesen, Cómo se salvó Wang-Fô de Marguerite Yourcenar o Jean Honore Frangonard de Denis Diderot. A esta lista sumaría una conferencia: En Alabanza del aburrimiento de Joseph Brodsky. Y casi para terminar incluiría textos de dos filósofos que se leen como literatura (así como los textos literarios aquí mencionados se leen como filosofía), Las pupilas de la universidad de Jacques Derrida y El maestro ignorante de Jacques Ranciere. Por último, prohibiría leer uno de los capítulos de Una historia del mundo en ocho capítulos y medio de Julián Barnes, la quinta parte titulada Naufragio, tal vez uno de los peores textos que se han escrito sobre arte.

(Revista Arcadia, Semana)